Una mañana el duende despertó con un extraño sonido del bosque;
Cerca de sus pies,
se encontraba un pequeño insecto,
tenia demasiados colores en su entorno,
pero este no era una mariposa;
El azul hacia perfecta convinación con el purpura.
Un poco mas a la izquerda de su caparazón,
en las orillas,
bordeaba un hermoso color rojo,
que si quisiera ser sangre, era mucho mas real que la misma.
entre sus antenas brillaban hermosos reflejos dorados,
que iluminaban cualquier noche sin luna.
Los ojos verdes del duende quedaron atonitos,
pues no creian tanta belleza.
Era una mezcla espectacular.
Entre el arcoiris y aquel insecto, no existía mucha diferencia.
Luego de ese instante tan bello,
el duende se puso de pie,
comenzo a barrer sus cenizas,
las que habian quedado de la noche anterior.
Mientras realizaba la actividad,
el insecto,
saco sus alas,
de un color transparente,
las que hacían reflejo de sus extravagantes colores.
Agito sus alas,
emprendió vuelo,
y llego hasta una rama del árbol más cercano.
El duende lo miró por última vez,
tomo su escoba,
voto las cenizas,
entro a su casa,
y cerro la puerta.
Horas más tarde,
comenzo a escribir.
La inspiración se hizo ausente;
Entonces comenzó a beber.
Nuevamente saco aquella botella de vino.
Luego de varias copas,
se levantó de la silla,
Y caminó hacia la ventana.
Se asomo para ver si aún estaba aquel insecto,
si, ese lleno de colores como el arcoiris,
pero este, ya no estaba.
Estaba tan borracho que se quedo dormido,
apollado en la ventana.
La borrachera causo que soñara con animales,
y mujeres, de esas que veia de vez en cuando
pasear solas por el bosque.
Soño con una de las muchachas,
una que solía ver seguido caminar entre los arbustos.
Mientras el dormía,
se escuchó el sonido de una botella vacia romper en el piso,
los vidrios, se desparramaron en el suelo, junto a la copa de vidrio.
A pesar de que fue un gran estruendo,
el duende no despertó.
Entretando continuaba soñando;
La vio, parecia tan real, totalmente verdadero,
es de ese tipo de sueños en los que no deseas despertar.
Ella tenia cabello largo, de un color marron, sus ojos brillaban,
eran del mismo sabor.
Su piel blanca, tan suave como sus rojisos labios.
Un rostro angelical.
La mujer de hermosas piernas.
Usaba un vestido verde, lleno de brillantes dorados,
toda una diosa, cualquier hombre desearia verla,
jamás se habia sentido tan privilegiado.
Por un instante,
el la vio desnudandose,
como de costumbre lo hacia en un lago cercano,
vio sus pechos, y sus curvas,
esos ojos bajo sus hermosas cejas,
que lo miraron fijamente por primera vez,
en aquel momento,
florecieron sentimientos que el desconocía.
Al despertar algo exitado,
continuo mirando por la ventana,
sintió la gran necesidad de ver nuevamente a esa chica,
por la que nunca supo que sentía,
a la que siempre observó con deseo y lujuria.
Penso en varias maneras de encontrarla,
y que hacer para conquistarla,
pero debía enfriar su cabeza,
todavía no olvidaba su cirueta.
Tomo un tabaco a una hora extraña,
aún era de dia. Si era de esos verdes que solo el sabe de donde vienían.
Luego de fumarse un tabaco completo,
algo mareado, tomo su chaqueta,
una que tenia guardada en un cajón,
donde solo guardaba ropa de salir,
una hermosa chaqueta de cuero que hacia juego con
su piel verde, esta vez resaltava en el,
era café.
Salio de su hogar rumbo al lago donde habia visto,
a la chica del cabello largo y hermosas curvas.
No siempre la veía pasear por ahí,
esperaba que esta vez fuera una de esos días en que ella apareciera.
Espero horas y horas... Ella, no apareció.
Fue ahí cuando volvió a ver al insecto que lo acompaño por la mañana,
mientras barria sus cenizas.
Reposaba sobre los pétalos de una flor,
el duende volteó su rostro hacía el lago nuevamente,
y cuando regresa la vista hacia la flor,
el insecto ya se había ido.
Con mucha rabia y decepción,
el duende regreso a su casa,
ya anochecía, y se habia dado cuenta que,
durante el dia, no habia trabajado en su cosecha de lechugas,
y que su árbol de manzanas iba a ser invadido por gusanos.
Enfurecido por su mala suerte,
tomo una rama pesada que había encontrado en el camino,
y entonces comenzó a golpear todo lo que encontraba a su paso.
Lamentablemente sufria de un desorden mental incontrolable.
Cuando volvió en si, antes de que la situación empeorara,
tomo otro de sus tabacos verdes, lo prendio con un cerillo,
se recosto en su habitación, fumo un par de segundos, se calmo,
se tomo su cabeza en señal de resaca,
penso otra vez en la muchacha,
suspiro,
y cayo profundamente dormido.
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